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Efemérides

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La secretaría de Estado de la Presidencia emite un comunicado en el que informa que el doctor Joaquín Balaguer había cesado en sus funciones de presidente de la República y el Consejo de Estado. -El coronel Elías Wessin y Wessin y el mayor de la Fuerza Aérea, Rafael Fernández Domínguez, liberan los miembros del Consejo de Estado (Rafael Bonnelly, Rafael Pichardo, Antonio Imbert y Monseñor Eliseo Pérez Sánchez), detenidos en el Club de Oficiales de esa institución por orden del general Pedro Rafael Ramón Rodríguez Echavarría, quien fue a su vez arrestado. - Renuncian ocho miembros del gabinete del Consejo de Estado (Dr. Antonio Fernández Caminero –Salud Pública-; Dr. Ángel Severo Cabral –Agricultura-; Ing. Mario Penzo Fondear –Obras Públicas-; Dr. Antonio Rosario –Trabajo-; Ing. Manuel E. Tavarez Espaillat –Finanzas-; Lic. Emilio Rodríguez Demorizi –Educación-; Rafael Vidal Torres –Sin Cartera- y Lic. Temístocles Messina, Justicia). 1973. El diario caraqueño El Mundo publica la información de que el ex Coronel dominicano Francisco Alberto Caamaño Deñó había muerto en Cuba. 2019. El mayor general José Eugenio Matos de la Cruz renuncia de la presidencia de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), horas después de que el presidente Danilo Medina se quejara de que el narcotráfico había permeado las instituciones militares y policiales, siendo sustituido mediante el decreto 39-19, por al vicealmirante Félix Alburquerque Comprés. 2021. El Arzobispo metropolitano de Santo Domingo, Francisco Ozoria, considera que los que le roban al Estado, para ser perdonado deben restituir esos bienes, en referencia a los exfuncionarios envueltos en actos de corrupción, respaldando las acciones de las autoridades para recuperar los bienes sustraídos en la administración pública. Internacionales: 1535. Es firmada el Acta de fundación de la ciudad de Lima por Pizarro. 1689. Nace el escritor, filósofo e historiador francés, Charles Louis de Secondat, "Montesquieu", autor de "El espíritu de las leyes" entre otras obras. 1863: Son iniciados los trabajos de construcción del ferrocarril que uniría Nueva York con San Francisco, California. 1867. Nace el poeta nicaragüense Rubén Darío. 1871. Guillermo I es proclamado emperador de Alemania 1915. José Doroteo Arango Arámbula mejor conocido por su seudónimo "Pancho Villa", se proclama Presidente de México, asumiendo de inmediato poderes militares y civiles. 1919. Es inaugurada en Paris la Conferencia de la Paz, en la que los aliados se reúnen en para acordar los términos de la paz con Alemania, teniendo entre sus principales objetivos privilegiar la seguridad colectiva y respetar el derecho a la libre determinación de los pueblos. 1958. En Venezuela, se produce una revuelta que derroca al dictador Marcos Pérez Jiménez. 1961. En Sudáfrica, Nelson Mandela funda el grupo Lanza de la Nación -brazo armado del Congreso Nacional Africano- bajo la consigna "Quedan solo dos alternativas: sumisión o lucha" contra el régimen racista pro Imperio británico. 1971. En España, Manuel Delgado Villegas, conocido como El Arropiero, comete su último asesinato y es detenido. 1977. Un grupo de científicos identifica una bacteria previamente desconocida como causa de la misteriosa enfermedad de los legionarios (legionelosis). 1986. Un accidente aéreo en las selvas de El Petén en Guatemala, cerca de las ruinas mayas de Tikal, provoca la muerte de las 110 personas que viajaban a bordo, de varias nacionalidades, incluyendo el político venezolano Arístides Calvani y miembros de su familia. 2006. El Parlamento Europeo (PE) aprueba la creación de una comisión que investigue las posibles actividades ilegales de la CIA en Europa. -La Asamblea (Parlamento) venezolana otorga poderes especiales al presidente Hugo Chávez Frías, para que gobierne por decreto durante año y medio. 2012. La ley SOPA apaga la página de Wikipedia en inglés durante 24 horas, por los que intentaron acceder al sitio, se encontraron con una pantalla negra en la que se podía leer "Imagina un mundo sin conocimiento libre". 2019. Una corte de El Salvador ordena la detención del expresidente Mauricio Funes (2009-2014) acusado de revelar un documento secreto del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, sobre un millonario desvío de fondos atribuido al procesado exmandatario Francisco Flores (1999-2004).

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domingo, 5 de diciembre de 2021

¿Volverán las cartas al director?

JUAN CARLOS LAVIANA
MADRID, ESPAÑA

 John Oakes, responsable de las pá­ginas editoriales del New York Ti­mes entre 1961 y 1976, debería ser una referencia para los actuales jefes de opinión.

A él debemos la transformación de su sección en la «Da­ma gris», que serviría de modelo durante décadas para periódicos de todo el mun­do. Su intención era reducir las columnas del propio rotativo para ofrecer espacio a las voces ajenas, preferiblemente de no periodistas. Y, muy en especial, para dar entidad a las cartas al director, «con la in­tención de ofrecer la oportunidad de ex­presarse en el Times a pareceres ajenos a la cabecera».

Cuenta Ruth Adler, en el clásico Un día en la vida de The New York Times, que Oakes estaba abrumado por los muchos pareceres y protestas que le transmitían desde diferentes ámbitos. Solía zanjar los reproches de forma lacónica: «Escribe una carta al editor». Frase que, por cierto, se ha repetido una y otra vez en todas las redacciones para quitarse el problema de encima. Los lectores del Times atendían la sugerencia a razón de 30.000 epísto­las por año.

Oakes definía la sección de cartas co­mo «un intercambio de opiniones infor­madas, un vehículo para un debate serio sobre asuntos públicos». Las cartas selec­cionadas para su publicación obedecían, generalmente, a un criterio de propor­cionalidad entre los pros y los contras del asunto tratado. Eso sí, siempre se daba prioridad a aquellos debates controver­tidos en los que el periódico había adop­tado una postura contundente. Conside­raba importante dar voz a las opiniones que diferían de la línea editorial del Ti­mes, lo que, a su acertado parecer, enri­quecía el periódico. Su interés por la opi­nión de los lectores era tal que, según relata Adler, a la hora de distribuir el es­pacio de su sección, primero colocaba las cartas y, en torno a ellas, iba ubicando los diferentes artículos o columnas en el es­pacio que quedaba disponible.

Con la transformación de la prensa, de analógica a digital, ha surgido en la pro­fesión un irracional rechazo a las leccio­nes que la historia del periodismo ofrece. Da la impresión de que se hubiera traza­do una línea infranqueable entre el perio­dismo de antes y el periodismo de ahora. Hay auténtico terror ya no a ser ‘viejuno’, sino a parecerlo. Se ignora que el cambio de envoltorio no debe conllevar ni un de­terioro, ni un perjuicio, ni un desprecio por el contenido de ese paquete bien en­vuelto que seguimos llamando, a falta de un nombre más preciso, diario o periódi­co pese a que ya no tenga periodicidad.

Las cartas al director hoy son un ele­mento residual en la prensa. Tal vez, pa­ra actualizarnos, deberíamos cambiar el nombre por el de e-mails al director o mensajes a la redacción. En los periódi­cos de papel, se arrinconan, casi como un recurso para encajar las columnas o artí­culos. Cuando las tribunas son demasia­do largas, ni siquiera tienen cabida. «Da­me unas cartas para calzar el artículo» es una expresión que se repite con fre­cuencia. Es verdad que entre los mensa­jes que llegan es difícil encontrar mirlos blancos, pero no por eso hay que despre­ciarlos. No hace tanto, se encargaba al becario escarbar en una inmensa carpeta de misivas grapadas a sus sobres en bus­ca de cartas que no fueran repetitivas o insultantes y que aportaran algún punto de vista interesante a los debates abier­tos. Cuando no encontraba algo digno de ser publicado, el propio becario escri­bía las cartas.

En los digitales, se han sustituido las cartas por los comentarios, por lo gene­ral mucho menos interesantes y edifican­tes. La misma palabra lo dice. Una car­ta exige reposo a la hora de ser escrita. Un comentario, en cambio, se escribe en caliente, normalmente provocado por el fragor de la indignación. Se filtran para evitar exabruptos o infamias, pero no se editan: ni se seleccionan, ni se corrigen. Aportan tan poco que algunos medios las sustituyen por valoraciones en forma de estrellas o pulgares hacia arriba o ha­cia abajo. Otros, directamente, han opta­do por eliminarlos.

Hay una figura que vivió su esplen­dor hace décadas y que ahora resultaría de gran ayuda en los diarios digitales. Se trata del ombudsman o defensor del lector. Hoy son ya pocos los medios que disponen de esa figura. Y en los digitales, que se sepa, ni siquiera se han planteado incorporar tal función. Tiene problemas, es cierto. No está la economía de los me­dios para, además de ingenieros, seos, curators, community managers y tantos otros, sumar a sus equipos a alguien de esas características. Es difícil encontrar esa figura independiente que defienda al lector de la redacción y de la empresa. Por si estos fueran pocos motivos, resul­ta un incordio difícil de asumir en estos tiempos acelerados.

El resultado es que paradójicamen­te la relación del diario con el lector es hoy, cuando la interacción resulta más fácil que nunca, poco fluida. Ya no que­dan más procedimientos para recibir el feedback de los lectores –y no digamos para darles voz– que las estadísticas de clics que recibe cada noticia o artículo, o las que determinan el tiempo de lectura.

Bueno, sí, en puridad, queda otra vía de comunicación, que es igual para to­dos, pero ajena a los propios medios. Y, sobre todo, es tan poco fiable como dis­torsionadora: la repercusión en las redes sociales.

Haber dejado la interacción del lector con el medio en manos de las redes so­ciales acarrea no pocos problemas. Lle­vamos el debate sobre nuestras opinio­nes o informaciones fuera de nuestro territorio, y se lo ofrecemos gratis a los grandes monstruos de Internet. Además, el diálogo ya no se produce con la cabe­cera, sino directamente con el periodista. Y, en las redes, el periodista evita a me­nudo representar al medio para el que trabaja –«las opiniones son solo mías» o «no me represento más que a mí mismo» se suele leer en los perfiles-, arrebatando así el protagonismo a su mancheta.

La principal razón por las que los usuarios recurrimos cada vez más a las redes es muy simple: se nos hace más ca­so. Sólo hace falta ver la profusión de quejas y reclamaciones en las redes. Las empresas temen que airear sus errores en público dañe su imagen y responden de inmediato. El usuario sabe que su re­clamación sobre una línea telefónica, un billete de tren o un deficiente servicio en un restaurante se solucionará en el ins­tante si se denuncia en las redes, mien­tras que recurrir a la hoja de reclamacio­nes o al teléfono de atención al cliente caerá en vía muerta.

Lo mismo nos ocurre a los medios. Hemos regalado a las redes, además de muchos de nuestros contenidos, nuestra capacidad de relación con el lector, con lo que eso conlleva. Hemos canjeado el «intercambio de opiniones informadas», del que nos hablaba John Oakes, por la algarabía de Twitter. O por «la magnifi­cación del odio y la desinformación pa­ra generar más ingresos» que practica Facebook, según hemos sabido recien­temente.

No seré yo el que defienda una vuel­ta a las cartas al director en una época en la que la correspondencia –magnifi­ca palabra- ha caído en desuso. Pero tal vez debiéramos recuperar el espíritu de aquellas cartas, de aquel exponer opi­niones ajenas, de aquel abrir los perió­dicos al debate. Podríamos empezar por darle voz al lector en nuestra cabecera, más allá de los likes, los rankings de no­ticias más comentadas o las tan poco fia­bles encuestas de Internet. Y, sobre todo, lo más lejos posible del tótum revolútum de las redes sociales.

 

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