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54Grado.com : Hoy es Domingo 04 de Enero del 2026. Faltan 362 días para el año 2027. temperatura: la máxima estará entre 31 °C y 33 °C y la mínima entre 22 °C y 24 °C :.... Efemérides Nacionales: 1642 en el marco de la Guerra Civil Inglesa, el rey Carlos I de Inglaterra ataca el Parlamento. 1698 en Cataluña (España), en virtud de la paz de Riswick, las tropas del duque de Vendome evacuan Barcelona. 1717 Holanda, Inglaterra y Francia firman la Triple Alianza. 1790 las provincias belgas —a excepción de Luxemburgo— proclaman su independencia. 1797 en Rívoli (Italia) Napoleón Bonaparte derrota a los austriacos. 1805 España y Francia firman un acuerdo de ayuda militar y naval para invadir Gran Bretaña. 1817 en el arroyo Catalán, dentro de la invasión luso-brasileña al Estado Oriental del Uruguay, el general José Gervasio Artigas es derrotado por los portugueses. 1823 en Sevilla, el desbordamiento del río Guadalquivir provoca la inundación total de la ciudad. 1831 las tropas francesas ocupan la ciudad de Orán y se extienden posteriormente por toda Argelia. 1833 Fernando VII restablece la Pragmática Sanción, en virtud de la cual se designa heredera a su hija Isabel II de España en perjuicio de su hermano Carlos María Isidro de Borbón. 1834 en Perú, la guarnición de Lima realiza un golpe de Estado y proclama jefe supremo a Pedro Bermúdez, con lo que se inicia la guerra civil. 1902 en Barcelona, Felipe Pedrell estrena la ópera Los Pirineos. 1904 el presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, dirige un mensaje al Congreso acerca de los hechos de Panamá. 1904 en España se crea el primer laboratorio de aeronáutica. 1918 la Unión Soviética reconoce la independencia de Finlandia. 1932 en la India, la policía británica arresta a Gandhi. 1933 en la costa francesa, un incendio destruye el transatlántico francés Atlantic. 1936 la revista neoyorquina The Billboard publica la primera lista de éxitos musicales del mundo. 1937 en México entra en vigencia el decreto del presidente Lázaro Cárdenas acerca del volcán Citlaltépetl. 1941 la actriz cinematográfica alemana Marlene Dietrich obtiene la nacionalidad estadounidense. 1958 el satélite artificial soviético Sputnik 1 se desintegra en la atmósfera. 1960 en Europa se crea de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA). 1962 la OEA levanta las sanciones que impuso en 1960 a la República Dominicana. 1964 el papa Pablo VI visita Jerusalén, donde se entrevista con Atenágoras (patriarca de Constantinopla y jefe de la Iglesia Ortodoxa griega). 1969 en Fez (Marruecos) se firma el tratado donde España devuelve a Marruecos el territorio de Ifni. 1970 En Londres, Reino Unido, la última sesión de The Beatles como banda. 1971 Anwar el-Sadat reconoce la presencia militar soviética en Egipto. 1977 en España se promulga la Ley para la Reforma Política, que contenía la derogación tácita del Sistema Político Franquista. 1977 las Cortes Españolas aprueban la Ley 17/1977, que permite que los nombres de pila de las personas puedan inscribirse en el Registro Civil en cualquiera de las lenguas españolas. 1978 en la República Federal Alemana finaliza la investigación sobre el "escándalo Lockheed". 1979 el Sha del Irán abandona Teherán camino del exilio. 1981 en Reino Unido, la policía detiene a Peter Sutcliffe por considerarle sospechoso de ser el "destripador de Yorkshire". 1983 en Kabul (Afganistán) sucede ola de atentados contra las posiciones soviéticas. 30 oficiales afganos asesinados por sus propios soldados. 1984 en el Líbano, el ejército israelí bombardea la región de Baalbek, matando a más de 100 civiles e hiriendo a 400. 1991 en la Organización de las Naciones Unidas se vota unánimemente una condena a Israel por su tratamiento a los palestinos. 1992 el presidente de los Estados Unidos, George H. W. Bush, anuncia el final del embargo impuesto a Camboya durante 17 años. 1994 en Ginebra se inaugura la Corte de Justicia de la Asociación Europea de Libre Cambio (EFTA). 1996 científicos del CERN anuncian haber obtenido nueve átomos de antihidrógeno, el primer logro en la obtención de antimateria. 1999 uno de los testigos del caso del ciudadano español, condenado a muerte en Estados Unidos, Joaquín José Martínez, reconoce que mintió durante el juicio. 2008 por primera vez en su historia, se cancela el Rally Dakar, por temor a ser víctima de un atentado a su paso por Mauritania. 2010 el Burj Dubai, el cuerpo arquitectónico más alto del mundo con 828 m, es oficialmente inaugurado. 2011 eclipse solar parcial visto en Europa, África y Asia Occidental. 2011 en Ben Arous (Túnez), Mohamed Bouazizi se quema a lo bonzo dando comienzo a la revolución tunecina.

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domingo, 5 de diciembre de 2021

¿Volverán las cartas al director?

JUAN CARLOS LAVIANA
MADRID, ESPAÑA

 John Oakes, responsable de las pá­ginas editoriales del New York Ti­mes entre 1961 y 1976, debería ser una referencia para los actuales jefes de opinión.

A él debemos la transformación de su sección en la «Da­ma gris», que serviría de modelo durante décadas para periódicos de todo el mun­do. Su intención era reducir las columnas del propio rotativo para ofrecer espacio a las voces ajenas, preferiblemente de no periodistas. Y, muy en especial, para dar entidad a las cartas al director, «con la in­tención de ofrecer la oportunidad de ex­presarse en el Times a pareceres ajenos a la cabecera».

Cuenta Ruth Adler, en el clásico Un día en la vida de The New York Times, que Oakes estaba abrumado por los muchos pareceres y protestas que le transmitían desde diferentes ámbitos. Solía zanjar los reproches de forma lacónica: «Escribe una carta al editor». Frase que, por cierto, se ha repetido una y otra vez en todas las redacciones para quitarse el problema de encima. Los lectores del Times atendían la sugerencia a razón de 30.000 epísto­las por año.

Oakes definía la sección de cartas co­mo «un intercambio de opiniones infor­madas, un vehículo para un debate serio sobre asuntos públicos». Las cartas selec­cionadas para su publicación obedecían, generalmente, a un criterio de propor­cionalidad entre los pros y los contras del asunto tratado. Eso sí, siempre se daba prioridad a aquellos debates controver­tidos en los que el periódico había adop­tado una postura contundente. Conside­raba importante dar voz a las opiniones que diferían de la línea editorial del Ti­mes, lo que, a su acertado parecer, enri­quecía el periódico. Su interés por la opi­nión de los lectores era tal que, según relata Adler, a la hora de distribuir el es­pacio de su sección, primero colocaba las cartas y, en torno a ellas, iba ubicando los diferentes artículos o columnas en el es­pacio que quedaba disponible.

Con la transformación de la prensa, de analógica a digital, ha surgido en la pro­fesión un irracional rechazo a las leccio­nes que la historia del periodismo ofrece. Da la impresión de que se hubiera traza­do una línea infranqueable entre el perio­dismo de antes y el periodismo de ahora. Hay auténtico terror ya no a ser ‘viejuno’, sino a parecerlo. Se ignora que el cambio de envoltorio no debe conllevar ni un de­terioro, ni un perjuicio, ni un desprecio por el contenido de ese paquete bien en­vuelto que seguimos llamando, a falta de un nombre más preciso, diario o periódi­co pese a que ya no tenga periodicidad.

Las cartas al director hoy son un ele­mento residual en la prensa. Tal vez, pa­ra actualizarnos, deberíamos cambiar el nombre por el de e-mails al director o mensajes a la redacción. En los periódi­cos de papel, se arrinconan, casi como un recurso para encajar las columnas o artí­culos. Cuando las tribunas son demasia­do largas, ni siquiera tienen cabida. «Da­me unas cartas para calzar el artículo» es una expresión que se repite con fre­cuencia. Es verdad que entre los mensa­jes que llegan es difícil encontrar mirlos blancos, pero no por eso hay que despre­ciarlos. No hace tanto, se encargaba al becario escarbar en una inmensa carpeta de misivas grapadas a sus sobres en bus­ca de cartas que no fueran repetitivas o insultantes y que aportaran algún punto de vista interesante a los debates abier­tos. Cuando no encontraba algo digno de ser publicado, el propio becario escri­bía las cartas.

En los digitales, se han sustituido las cartas por los comentarios, por lo gene­ral mucho menos interesantes y edifican­tes. La misma palabra lo dice. Una car­ta exige reposo a la hora de ser escrita. Un comentario, en cambio, se escribe en caliente, normalmente provocado por el fragor de la indignación. Se filtran para evitar exabruptos o infamias, pero no se editan: ni se seleccionan, ni se corrigen. Aportan tan poco que algunos medios las sustituyen por valoraciones en forma de estrellas o pulgares hacia arriba o ha­cia abajo. Otros, directamente, han opta­do por eliminarlos.

Hay una figura que vivió su esplen­dor hace décadas y que ahora resultaría de gran ayuda en los diarios digitales. Se trata del ombudsman o defensor del lector. Hoy son ya pocos los medios que disponen de esa figura. Y en los digitales, que se sepa, ni siquiera se han planteado incorporar tal función. Tiene problemas, es cierto. No está la economía de los me­dios para, además de ingenieros, seos, curators, community managers y tantos otros, sumar a sus equipos a alguien de esas características. Es difícil encontrar esa figura independiente que defienda al lector de la redacción y de la empresa. Por si estos fueran pocos motivos, resul­ta un incordio difícil de asumir en estos tiempos acelerados.

El resultado es que paradójicamen­te la relación del diario con el lector es hoy, cuando la interacción resulta más fácil que nunca, poco fluida. Ya no que­dan más procedimientos para recibir el feedback de los lectores –y no digamos para darles voz– que las estadísticas de clics que recibe cada noticia o artículo, o las que determinan el tiempo de lectura.

Bueno, sí, en puridad, queda otra vía de comunicación, que es igual para to­dos, pero ajena a los propios medios. Y, sobre todo, es tan poco fiable como dis­torsionadora: la repercusión en las redes sociales.

Haber dejado la interacción del lector con el medio en manos de las redes so­ciales acarrea no pocos problemas. Lle­vamos el debate sobre nuestras opinio­nes o informaciones fuera de nuestro territorio, y se lo ofrecemos gratis a los grandes monstruos de Internet. Además, el diálogo ya no se produce con la cabe­cera, sino directamente con el periodista. Y, en las redes, el periodista evita a me­nudo representar al medio para el que trabaja –«las opiniones son solo mías» o «no me represento más que a mí mismo» se suele leer en los perfiles-, arrebatando así el protagonismo a su mancheta.

La principal razón por las que los usuarios recurrimos cada vez más a las redes es muy simple: se nos hace más ca­so. Sólo hace falta ver la profusión de quejas y reclamaciones en las redes. Las empresas temen que airear sus errores en público dañe su imagen y responden de inmediato. El usuario sabe que su re­clamación sobre una línea telefónica, un billete de tren o un deficiente servicio en un restaurante se solucionará en el ins­tante si se denuncia en las redes, mien­tras que recurrir a la hoja de reclamacio­nes o al teléfono de atención al cliente caerá en vía muerta.

Lo mismo nos ocurre a los medios. Hemos regalado a las redes, además de muchos de nuestros contenidos, nuestra capacidad de relación con el lector, con lo que eso conlleva. Hemos canjeado el «intercambio de opiniones informadas», del que nos hablaba John Oakes, por la algarabía de Twitter. O por «la magnifi­cación del odio y la desinformación pa­ra generar más ingresos» que practica Facebook, según hemos sabido recien­temente.

No seré yo el que defienda una vuel­ta a las cartas al director en una época en la que la correspondencia –magnifi­ca palabra- ha caído en desuso. Pero tal vez debiéramos recuperar el espíritu de aquellas cartas, de aquel exponer opi­niones ajenas, de aquel abrir los perió­dicos al debate. Podríamos empezar por darle voz al lector en nuestra cabecera, más allá de los likes, los rankings de no­ticias más comentadas o las tan poco fia­bles encuestas de Internet. Y, sobre todo, lo más lejos posible del tótum revolútum de las redes sociales.

 

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