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54Grado.com : Hoy es viernes 24 de julio del 2026. Faltan 160 días para el año 2027. temperatura: la máxima estará entre 31 °C y 33 °C y la mínima entre 22 °C y 24 °C :.... Efemérides Nacionales: 1064 Fernando I de León sitia y ocupa la ciudad portuguesa de Coímbra. 1149 Conrado III y sus tropas son vencidas en Jerusalén por las fuerzas de Zengi. 1177 la paz suscrita en Venecia libera a Federico I Barbarroja de la excomunión y pone fin al Cisma eclesiástico. 1557 en Francia se proclama el edicto de Compiègne, por el que se condena a la pena de muerte a los sacramentalistas o relapsos. 1701 en Estados Unidos los franceses fundan Fort Ponchartrain (actual Detroit). 1823 Chile declara la abolición de la esclavitud. Se convierte en el segundo país de América que libera a los esclavos. 1823 en Venezuela se lleva a cabo la Batalla naval del Lago de Maracaibo, en la cual el Almirante José Prudencio Padilla, derrotó a la Armada Española, dando así un paso importante para la independencia de la Gran Colombia. 1895 una nueva expedición de militares cubanos desembarca en la costa meridional de Sancti Spíritus y difunde la sublevación. 1896 se inaugura en Argentina el Hospital Pirovano. 1908 el sultán de Turquía restablece la Constitución de 1876, lo que supone un triunfo del partido reformista Joven Turquía. 1928 China adopta el sistema métrico decimal. 1928 en el Polo Norte, un avión suizo rescata al general Nóbile. 1928 finaliza oficialmente el movimiento del general Augusto César Sandino contra la intervención estadounidense en Nicaragua, aunque la lucha guerrillera no termina. 1929 en París dimite el primer ministro Raymond Poincaré, por motivos de salud y le sustituye Aristide Briand. 1930 en el área de Treviso-Údine (Italia), un violentísimo tornado F5 devasta 80 km. Mueren 23 personas. 1933 en España se publica la sentencia contra los procesados por el intento golpista del 10 de agosto de 1932, conocido como "la Sanjurjada", con penas que oscilan entre 22 años de prisión mayor y 3 de reclusión menor. Hubo muchas absoluciones. 1936 la Junta de Defensa Nacional dispone que Franco asuma el mando del Ejército de Marruecos y del Sur de España, y Emilio Mola, el del Ejército del Norte. 1936 Onésimo Redondo, jefe de la Falange castellana, perece en el frente de Labajos (Segovia). 1999 se emite oficialmente por pirimera vez la serie de dibujos animados estadounidense, Bob Esponja, por Nickelodeon. 2001 una activista de la banda terrorista ETA muere en Alicante al estallar el artefacto explosivo que manipulaba en un apartamento de la localidad costera de Torrevieja. 2002 en Nepal, los monzones causan un centenar de muertos en los últimos cuatro días. 2003 el nadador estadounidense Michael Phelps pulveriza la plusmarca mundial de los 200 m estilo (1m 57,52s), mientras el japonés Kosure Kitajima establece un nuevo récord mundial en los 200 braza (2m 9,42s) en los Campeonatos del mundo de Natación de Barcelona. 2003 la resistencia iraquí mata a tres soldados estadounidenses en respuesta al asesinato de los hijos de Sadam Husein. 2005 en La Coruña se inaugura una exposición con los fondos cartográficos de la Hispanic Society of America. 2013 En Angrois, un barrio de las afueras de Santiago de Compostela, España, un accidente del tren Alvia que viajaba con 218 pasajeros descarrila a la altura de la curva llamada A Grandeira dejando 78 muertos y 131 heridos.

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sábado, 4 de junio de 2022

A guardias les espera pulseo con peligrosos delincuentes

Guillermo Pérez
Santo Domingo, RD

Sobrecogido por un repunte de crímenes y diver­sas tipologías de­lictivas que han tomado rumbo sin freno por todo el país, el presi­dente Luis Abinader ha res­pondido con contundencia a este siniestro problema, poniendo de pie y en lla­mado de acción a la fuerza militar para encarar con re­solución este peligroso de­safío a su gobierno y al país.

Más que su presencia el pasado jueves, junto a al­tos rangos de policía y mi­litares, los gestos y el tono de firmeza usado para ad­vertir a los delincuentes de entregarse o serán captura­dos, dejó clara su determi­nación de parar este abo­rrecible mal que agobia a los ciudadanos y ensom­brece la paz social.

Hasta hace poco más de dos meses, el país se había desahogado un poco de su pesadumbre cotidiana, an­te una leve caída de la cri­minalidad y el delito, pero la irrupción de un vendaval de sucesos violentos, justa­mente desde los cuarteles policiales, se extendió rápi­do hacia otros ámbitos del territorio.

Con este problema enci­ma, el Gobierno del presi­dente Luis Abinader ha te­nido que encarar, durante sus primeros 20 meses, tres adversidades muy dañinas que, de alguna manera, le han sustraído simpatías po­pulares que podrían arras­trar costos políticos futuros.

Abinader asumió el des­tino del país bajo la plaga pandémica del coronavi­rus, poco después creció el enojo de la población por la espiral alcista de los precios de la comida y de los com­bustibles, depreciando así el valor de su poder adquisiti­vo, y ahora le cae como un martillazo este degradante mal delictivo.

Para combatir esta últi­ma desgracia, el mandata­rio, invocando una medi­da de efectos pasajeros bien demostrado en la práctica, anunció el despliegue de las fuerzas militares a las calles, junto a la Policía Nacional.

Previo a esto, su primera nota de agrado la marcó su sinceridad cuando reconoció que el problema de la delin­cuencia es real y que, duran­te las últimas tres semanas, esta ha experimentado “un aumento significativo”.

En consecuencia, de nue­vo, guardias y policías han vuelto a las calles para en­frentar la delincuencia, y es­ta vez tendrán de aliados un paquete de recursos tecno­lógicos y de inteligencia hu­mana.

Los guardias llegan a tiempo a la caza de los delin­cuentes porque la Policía no está preparada, ni en núme­ro, ni en equipos, ni confian­za en un pueblo que aún la sigue mirando con sospecha.

Abinader manejó cuida­dosamente su mensaje de estímulo a los militares y a la Policía, interfoliando “respe­to a los derechos humanos” y “firmeza en estas circuns­tancias”.

Quiero decirles, dijo el je­fe de Estado, “que confío ple­namente en las actuaciones de la Policía Nacional y sé que va a actuar en respeto a los derechos humanos, pero con la firmeza que se necesi­ta en estas circunstancias”.

Con los delincuentes, Abi­nader manejó con cuidado el mensaje disuasivo, al re­ferirse al deseo de las auto­ridades de prevenir una me­dida no deseada, pero marcó línea roja ante criminales y bandoleros al advertir de la indudable decisión de usar el poder de la fuerza pública para castigar con determina­ción sus acciones ilícitas.

No tuvo el presidente que usar códigos secretos para demandar resultados inme­diatos, pero el mando de la Policía y sus oficiales subal­ternos conocen “al dedillo” lo que hay que hacer para ac­tuar “con la firmeza que se necesita en estas circunstan­cias”

“Les pido a aquellos que están actuando en nuestros barrios y en nuestros secto­res, llevando intranquilidad, que se entreguen de una ma­nera pacífica, porque si no se les va a buscar donde estén”, sentenció el mandatario.

Otra prueba para militares
De todo esto, el movimiento del mandatario deja un poco de incertidumbre respecto a que la presencia militar po­dría durar poco, y luego de retirados de las calles, como ha ocurrido siempre, las hor­das delictivas vuelvan a sus andares.

Siempre ha sido así. Un odioso circulo vicioso que se muda de un extremo a su punto de partida, y to­do sigue igual. Esta fue otra medida gubernamental de carácter reactivo ante el des­borde de una delincuencia que parecía estar hibernan­do. Solo será posible conte­ner, y muy improbable eli­minar, una envalentonada delincuencia que no teme a una policía vulnerable, en la que parte de su personal ha comulgado siempre con el delito y demuestra resisten­cia a un cambio.

También, mientras nues­tros militares y policías estén en las calles, alertas y previ­sores, todo estará bien, pe­ro llegado el momento en que las “circunstancias” cau­sen la baja de algún delin­cuente que haya asaltado, robado o asesinado a algún ciudadano, las notas de con­dena estarán en línea, todo a nombre de unos derechos humanos de los que parece no tenían derecho las vícti­mas.

Esto es lo que registra la historia y los hechos están ahí. Ante esto, las autorida­des tienen que definir con claridad si lo del despliegue militar será un bálsamo pa­ra aplacar la ansiedad de los ciudadanos por este rebrote de delincuencia o si se trata de una campaña sostenida hasta acabar con este infor­tunio. El presidente Abina­der tiene que quitarse de encima, aunque tenga que imponerse a cualquier fuer­za de gravedad, este proble­ma de la delincuencia.

Está hoy a 73 días de cumplir sus primeros dos años al frente del Gobier­no, encarando y sorteando serias contrariedades natu­rales, sociales, económicas y políticas que le han roba­do parte del carisma que lo elevó al pináculo desde que tomó asiento en la Casa de la Delgado.

Luis Abinader es un hom­bre joven. Este 12 de julio ve­nidero cumple 55 años. Tie­ne intenciones muy nobles de hacer un buen gobierno. Esos son sus deseos, pero tie­ne que estar alerta para gol­pear a tiempo los obstáculos, sin ceder ni temer a presio­nes, sea dentro o fuera de su propio partido. O desde el exterior.

Su mejor ejemplo es El Salvador, donde su joven presidente, el extrovertido Nayib Armando Bukele, que, como coincidencia, este 24 de julio estará cumpliendo 41 años, se ha enfrentado a todo el mundo defendiendo sus convicciones y sus polí­ticas de Gobierno, la paz de su gente, específicamente aquella contra las más peli­grosas del mundo, y está ga­nando la batalla.

Lo han acusado de dic­tador, violador de derechos humanos; lo han amenaza­do de muerte, de bloqueos, y lo denuncian en organis­mos internacionales. Y aun así, no cede. Su popularidad es una de las más altas en el continente. Bukele vive una gran paradoja: un apoyo alto en su país y críticas a escala in­ternacional.

Su prestigio se disparó es­tos últimos días cuando, des­pués de haber anunciado el encarcelamiento de miles de pandilleros, emitió un de­creto que le dio poderes es­peciales para combatirlos y amplió el poder de acción de los militares.

“Todas las celdas cerradas 24/7, nadie sale ni al patio. Mensaje para las pandillas: por sus acciones, ahora sus ‘homeboys’ no podrán ver ni un rayo de sol”, ordenó el mandatario, listo a castigar­los hasta donde más les due­le. Y esto no quedó ahí, por­que Bukele acompañó sus órdenes con una tanda de mensajes a jueces y fiscales, advirtiéndoles de la nueva si­tuación que reina en el país ante la tentación de atender posibles violaciones a los de­rechos humanos.

“Estaremos pendientes de los jueces que favorez­can delincuentes”, escribió en Twitter. Un día después, hubo decenas de detenidos. La lucha contra la delincuen­cia en El Salvador de Bukele no sigue allí una ruta de im­provisación. Su decisión de mandar más militares y po­licías a las calles le ha dado resultados tangibles, y aho­ra está cantando victoria allí.

Tanto éxito en El Salvador, un país con 7 millones de ha­bitantes, donde hay alrede­dor de 70.000 pandilleros. Mientras, aquí no hay siquie­ra una idea de cuántos delin­cuentes sigue fastidiándole la vida a casi 11 millones de ciudadanos.

Si los militares fueran a un patrullaje prolongado, bien pertrechados, y se les deja­ra acordonar áreas duran­te buen tiempo, no habría que extender el sufrimien­to de tanta gente buena por­que los guardias saben cómo hacer su trabajo. Y lo hacen bien, y rápido, sin mucho ruido, a más de ser poco pro­bable que estos afinen amis­tad, conexiones y alianzas con los bandidos.

 

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