55

                                                      

11

54 Grado.com -Hoy es martes 18 de septiembre del 2018. Faltan 104 días para el año 2019.Temperatura: Max: 30 | Min: 22 - Efemérides :.... Santoral: Santo Tomás de Villanueva. Día de la Independencia en Chile. Efemérides Nacionales: 1609. Una real orden dirigida al gobernador de la Real Audiencia de Santo Domingo, Diego Gómez, le instruye para que en cuatro o seis meses se permita recoger ganado en la zona Norte, el cual se multiplicaba libremente en esa región, como consecuencia de haber sido despoblada durante la gobernación de Antonio Osoria. 1868. El gobierno interino del general Cabral dicta un decreto mediante el cual crea una brigada de artillería y dos batallones de infantería, que fueron llamados Ozama y Restauración. 1877. Nace en Santo Domingo el historiador Bernardo Pichardo hijo. 1892. José Martí se reúne en Santo Domingo con Federico Henríquez y Carvajal y otros amigos. 1924. Terminan de retirarse del territorio dominicano las fuerzas de ocupación militar norteamericanas. 1934. Nace el niño Rafael Tomás Fernández Domínguez, quien con el rango de coronel del Ejército Nacional, organiza del movimiento militar que buscaba la reposición del depuesto presidente Juan Bosch. 1963. El Presidente Juan Bosch retorna al país procedente de México. 1992. El entonces secretario de Trabajo, Rafael Alburquerque, llama mentiroso al doctor Lupo Hernández Rueda, en la continuación de una polémica en torno a la modificación del artículo 715 del Código de Trabajo. 2009. Varios hombres armados secuestran en Nagua al joven Eduardo Antonio Baldera Gómez, por cuya liberación exigen el pago de RD$5 millones. 2011. Es asesinado de varios disparos el asistente del presidente de la DNCD, teniente coronel E.N. César Augusto Ubrí Boció, de cuya acción fue acusado el ex cabo P.N. Wascar Cavallo Montero y varios oficiales policiales. 2013. El Senado aprueba la ley 100-13 que crea el Ministerio de Energía y Minas, manteniéndole durante cinco años a la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales, sus atribuciones, facultades y funciones. También crea el Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 911. 2014. Son sepultados con honores militares los restos de la ex primera dama de la República, Renée Klang viuda del fenecido presidente Antonio Guzmán, fallecida a la edad de 98 años en la clínica Hospital Metropolitano de Santiago. Efemérides Internacionales: 14. Tiberio es confirmado como emperador romano por el Senado. 96. Asesinato del emperador romano Domiciano, acaba con él la dinastía Flavia. Es proclamado nuevo emperador Nerva e iniciando la dinastía Antonina. 1502. Cristóbal Colón llega a Honduras en su cuarto y último viaje. 1544. Francisco I de Francia y Carlos I de España (y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico), firman la La Paz de Crépy, que supuso la salida de Carlos de la guerra italiana de 1542-1546. 1546. Se produce la Batalla de Iñaquito, que enfrentó a las fuerzas rebeldes de Gonzalo Pizarro (gonzalistas) contra los soldados leales al Virrey del Perú Blasco Núñez Vela (realistas). 1759. Quebec capitula ante las tropas británicas. 1960. Fidel Castro encabeza la delegación oficial cubana que viaja a Nueva York para participar en el XV periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU. 1765. Nace Bartolomeo Alberto Cappellari quien, al ser elegido Papa, adoptó el nombre de Gregorio XVI. 1906. Un tifón desbasta Hong Kong. 1810. Se instala en Santiago de Chile una Junta de Gobierno patrio, pero los españoles retoman el poder cuatro años después. 1928. El Graf Zeppelin LZ 127, dirigible alemán, vuela por primera vez. 1964. Las Fuerzas Armadas de la República Democrática de Vietnam comienzan la invasión de Vietnam del Sur. 1968. México: tropas federales entran en la Universidad en huelga con un resultado de 18 muertos. 1973. En Chile, el cadáver del cantautor Víctor Jara es identificado por su esposa. El artista había sido detenido por militares golpistas y llevado a un estadio siendo luego trasladado a un centro de torturas donde le cortaron las manos antes de asesinarlo. 1974. Agentes del FBI detienen a la heredera millonaria y posteriormente guerrillera urbana Patricia Hearst, tras 18 meses de ser secuestrada por miembros del denominado Ejército Simbiótico de Liberación a los que se unió. 1982. Unos mil palestinos resultan muertos por milicias libanesas en la masacre de Sabra y Chatila. 1994. Miles de cubanos huyen de la isla hacia EEUU en frágiles embarcaciones. 1998. En Filipinas una tormenta provoca el hundimiento del trasbordador “La Princesa de Oriente”, con 400 personas a bordo, cerca de las costas de Luzón, 30 minutos después de abandonar el puerto, provocando la desaparición de 150 de los pasajeros. 2006. En Buenos Aires (Argentina) desaparece Jorge Julio López, testigo en el juicio contra el ex comisario Miguel Etchecolatz, acusado de homicidios, torturas y desapariciones durante la dictadura militar ( 1976-1983). 2008. Al menos 49 plataformas petroleras, todas con producción menor a los 1.000 barriles diarios, son destruidas por el huracán Ike a su paso por el Golfo de México. 2009. En Polonia se produce una explosión minera en la ciudad de Wujek-Śląsk. 2014. Una cámara judicial revoca el arresto domiciliario del que gozaba el ex presidente salvadoreño Francisco Flores, acusado de malversación de fondos públicos y enriquecimiento ilícito por unos US$15 millones. - Los votantes escoceses dicen no a la independencia, decidiendo seguir siendo parte del Reino Unido, en un histórico referendo que impidió la ruptura de 307 años de unión con Inglaterra.

2

                                                                                         

02

                             

Buscar este blog

domingo, 15 de abril de 2018

José José: "Un Príncipe en la cultura del sentimiento"

La vida de José José hace justicia a una época en la que el “imperio de los sentimientos” conjuga una biografía de excesos y vicios autocelebratorios con la lujuria cantada y emocional del que fue “de todo y sin medida”.
Estado benefactor en crisis, el monopolio empresarial de la televisión como la jaula del tiempo sentimental que todas las tardes unifica a las familias en su vocación de melodramatizar la vida misma; el radio como el altar mediático de la canción romántica y los éxitos transformados en Discos de Oro: las claves de una hegemonía sentimental que en su cuasi-tragedia resuelve los “problemas del corazón” como una manera también de conservar la “estabilidad” casi infinita de un régimen político y emocional siempre atroz en su definición autoritaria.

Durante los años ochenta del siglo xx, la era de la gran crisis económica y de lo que se denomina en América Latina como la “década perdida”, en México se vive y padece un nuevo auge del melodrama.

Este auge produce el sentimentalismo necesario para aligerar y controlar parte del descontento multitudinario ante los fracasos de la República en lo que se refiere a aspiraciones básicas, económicas y políticas. Además, el melodrama se da a la tarea de instruir y adoctrinar sentimentalmente a toda una sociedad y la prepara para sumergirse, vía la exaltación estereotipada de las almas sufrientes, en la atmósfera cotidiana de la vida que transcurre en la implosión de la crisis.
Desde la telenovela Los ricos también lloran (1979) –protagonizada por Verónica Castro y que se difunde con marca de éxito internacional por gran parte del mundo–, el melodrama contemporáneo se encargó de transformar el veredicto del enriquecimiento irremediable de unos cuantos en un veredicto lacrimógeno donde cabían todos, ricos y pobres. A través de la telenovela, el melodrama consolida su continuidad como la ideología mediática del control y la persuasión emocional –fundada en el dictum del entretenimiento– y fija los límites de las conductas ante los embates de las crisis “personales”, que se transforman en colectivas a veces por el simple hecho de la similitud y la cercanía.

Otra modalidad del melodrama, de raíz marcadamente popular, es la balada romántica. Este género, que en los años setenta del siglo xx muchas veces se extravía felizmente en los límites del bolero, encuentra en José José, el Príncipe de la Canción, una de sus figuras paradigmáticas.
José José representa el final de ese tránsito cultural que va del melodrama pueblerino, sentimentalmente rural, costumbrista y expresado en la canción ranchera y en el bolero tradicional de los años cuarenta y cincuenta, al melodrama contemporáneo, de rasgos populares y urbanos tanto en el público al que va dirigido –en su “enfoque de mercado”, que es hacia las “clases medias y bajas”– como en su arsenal de metáforas, alusiones, símbolos y demás recursos expresivos, que encaminan a José José hacia la figura de ídolo sufriente en el gran espectáculo del alma contemporánea.

Auge y caída de una vida sentimental y espectacular
El Príncipe de la Canción encarna como nadie la historia melodramática de la superación personal escenificada en el contexto del crecimiento a gran escala del alcance televisivo, es decir, masificado. La televisión y la “industria del espectáculo” toman por asalto mediático el centro de la vida cotidiana y, con ellos, la balada romántica se erige en uno de los relatos dominantes que representa las peripecias de los sentimientos, del amor y del romanticismo que se vive desde la serenata –esa traducción de sentimientos al lenguaje cifrado de la música romántica o ranchera, redención engañosa y fugaz del patriarcado contemporáneo–, la cantina como lugar estelar y personalísimo de la confesión, el arrepentimiento delirante, el exceso sentimental y el llanto inmaculado de los amantes ante los infortunios del amor secreto, imposible o incompleto.

José José moderniza el melodrama al darle sentido y lugar a la figura contemporánea del amante. Le canta abiertamente a un modelo de infidelidad suavizado en nombre del padecimiento amoroso y le asigna a la mujer, por enésima vez, el papel de mártir y traidora, siempre en los límites de su condición de “objeto” de propiedad amorosa, reforzando y actualizando los alcances del patriarcado posrevolucionario. Su sentimentalismo, que en él también significa la degradación contemporánea del “alma romántica” decimonónica, es un nuevo método de confesión y arrepentimiento llevado hasta el paroxismo autobiográfico: el Príncipe de la Canción se representa a sí mismo y a su tragedia existencial, amorosa y alcohólica, con desenlace tranquilizador, en una película que se titula como uno de sus temas de mayor popularidad, Gavilán o paloma.

Pero si su terreno no es el cine, José José sí logra estar presente de manera puntual en el torrente sanguíneo de la vida urbana a través de la balada románti-ca: su voz se expande por los pasillos de oficinas gubernamentales, empresas privadas y trasnacionales con el nacionalismo suficiente como para ceder su terreno cultural sólo a la cursilería de moda. En comercios, mercados, bancos, cocinas, talleres mecánicos e infinidad de lugares públicos y privados, sus temas se transforman en el soundtrack de millones de vidas que se perfi-lan culturalmente hacia el siglo xxi. Se vuelve lugar común, en celebraciones domésticas o multitudinarias, invocar los poderes del sentimentalismo de las historias cantadas por José José. Historias en las que se reitera la misma estructura emotiva –ya sea lineal o cíclica en cuanto a escenificaciones de sentimientos se refiere– para finalmente orillar al sufriente a regocijarse en la profundización de los matices para exaltar el ámbito sentimental, el amasiato afortunado o trágicamente controlable y el martirio por una vida de excesos y alegrías. La decepción amorosa y el placer del sufrimiento, su repetición exhaustiva vía el romanticismo popular de las canciones interpretadas por José José, se confirman como emblemas culturales de la vida en la gran ciudad, sin que por esto dejen de influir y circular en espacios semiurbanos o rurales.

En los años ochenta del siglo xx, José José es el indiscutible centro de la balada romántica. Su producción discográfica y la circulación de su figura y de su voz en programas de televisión y de radio así lo confirman. En esta década graba once discos, todos ellos enmarcados en el panóptico del sentimentalismo moderno:

Amor, amor (1980): disco con el que inicia el encumbramiento vía la asimilación definitiva de la balada romántica que raya en la candidez que poco a poco se transforma en cursilería estupefacta.

Mi vida (1982), álbum encuadrado en el imperativo de la confesión y la exaltación del pasado personal como una peripecia del exceso sentimental.

Secretos (1983), el disco de la consumación de lo “ín-timo” como espacio privilegiado de la balada y de su parcela de melodrama.

Reflexiones (1984), donde e
l sentimiento se vuelve contra sí mismo y declara su efectividad como aniquilador de pensamientos propios.
Gavilán o paloma (1985), la cúspide de la travesía de José José por los territorios del amor románticamente controlado a través de metáforas cargadas de una cur-silería desafiante, que culminan en una animalización amable de la atmósfera amorosa.

Promesas (1985), donde se resiente el exceso verbal y utópico del paisaje melodramático.

Siempre contigo (1986), fugaz reiteración de la falta de novedad sentimental de los amores contrariados.
Soy así (1988), álbum que recorre el veredicto de la personalidad indomable del ídolo y de su destino casi trágico y reiterativo hasta el hartazgo en cuanto a sufrimiento se refiere.

Sabor a mí (1988), disco que actualiza las herencias que el bolero le inocula a la balada romántica, es también la imposición de una simetría biográfica y de mercado entre José José y el compositor Álvaro Carrillo.

La década de los ochenta termina con un disco que se quiere enigmático, pero que no alcanza a salir de la reiteración cursi: Qué es el amor (1989).

En todos sus discos, José José logra imponer un efecto de invisibilidad sobre los compositores. Manuel Alejandro, Rafael Pérez Botija, Paco Cepero, Roberto Cantoral, Álvaro Carrilo y hasta el mismo Juan Gabriel, son borrados por la presencia absoluta, comercial y esceno-gráfica, de un intérprete que transforma en estreme-cimiento puro todo lo que canta.

Sin embargo, José José no pertenece al melodrama rosa que trabaja sobre la matriz del amor dulcificado al extremo para culminar en la reiteración exhaustiva del final feliz; su representación de los sentimientos, a veces agreste y tremendista, a veces de un naturalismo de-gradadamente epopéyico –“... yo que fui tormenta, yo que fui tornado, yo que fui volcán soy un volcán apagado”, canta el Príncipe y, de paso, confirma que el tamaño de su alma y de su heroísmo melodramático es tan grande que sólo es comparable, en términos metafó-ricos, con el Popocatépetl en plena erupción sentimental–, contiene rasgos trágicos y melancólicos. Su decisión de interpretar temas sobre el desamor y la infidelidad controlada por el arrepentimiento hacen de su música una renuncia a exaltar figuras como la familia o el matrimonio, matrices del melodrama tradicional.

Sus historias lineales, sus personificaciones estereotipadas del amante, del sufriente o simplemente autobiográficas... es más, su popular categorización manierista que se dirime entre “Amar y querer”, así como las limitaciones estéticas propias de la balada román-tica, lo determinan como uno de los grandes difusores y prisioneros del sentimentalismo contemporáneo. José José donó su figura para definir en clave sentimental a toda una época. Es uno de los más importantes hacedores de la jungla devoradora e insaciable del amor melodramático, el mismo que gobierna las emociones de millones de mexicanos durante las últimas décadas del siglo xx. Un tipo de sentimentalismo que se desintegra, en su matriz cultural y mediática, en los primeros años del nuevo siglo y que se actualiza –en su vocación de sufrimiento, abnegación amorosa y control melodramático y mediático de las emociones– a través de los nuevos géneros del melodrama. Por ejemplo, el cover de concurso televisivo, guiado por la instauración definitiva del pop y de su extensión hacia un nuevo tipo de balada que permanece cercana a los modelos fundadores del género.

Desde su prestigio como leyenda de la balada romántica, de Príncipe sentimental en decadencia perma-nente, José José selló su pacto luciferino con los po-deres de la fugacidad televisiva, desde ese ondear de banderas románticas que también le acompañaron en la caída cuasi-trágica de una vida de excesos y enfermedades, consecuencias sentimentalizadas al extremo hasta el último minuto de su existencia. José José ya es para siempre –cualquier cosa que signifique este exceso de temporalidad mediática– el Príncipeabsoluto de la historia vibrante y contemporánea del melodrama mexicano, que ya le tiene asignada su tumba de inmortalidad conmovida, su estatua de héroe del sentimiento y de figura estabilizadora en el drama de la integración emocional y autoritaria de la nación.

*Una primera versión de este texto se publicó en el libro La mirada de los estropeados, Fondo de Cultura Económica, 2010.

NOTICIAS

                             

Noticias