El amor es un sentimiento subyugante, elusivo, invasivo, generoso, esperanzador, unificador, rupturante y perturbador.
Aparece en la novela, los cuentos, la tragedia, la comedia, la poes铆a y en la pol铆tica. En fin, en todas las dimensiones de la vida humana. Es un afecto recurrente, por eso ocupa un lugar privilegiado en el deseo, la acci贸n y en las manifestaciones emocionales de los seres humanos.Tiene que ver con sus realizaciones, esperanzas, alegr铆as, frustraciones, nostalgias, aspiraciones, traumas y sus catarsis. Por eso se habla del amor a s铆 mismo y a los dem谩s. Jubilosamente del logrado, con ansiedad del anhelado, con irritaci贸n del frustrado, con desidia del agotado, tristemente del perdido, con nostalgia del pasado, con envidia del deseado pero s贸lo conseguido por otros y celosamente cuando se teme perderlo por alg煤n rival inoportuno.
Las v铆as de este afecto lucen infinitas, inconmensurables en el tiempo y en el espacio. Aparecen en el amor cotidiano como en el extraordinario, en el religioso, el paterno, el fraternal, el filial, el pol铆tico, el patri贸tico, plat贸nico, tierno y hasta en los estragos causados por el desamor y el afecto no correspondido. Pero tambi茅n en la nostalgia del primer amor no cuajado en su fin. Amor inacabado, interminable, en suspenso. Generador de esperanzas inciertas por acariciar ilusiones casi siempre imposibles y constituir un residuo inconfundible de pasiones pasadas y un acompa帽ante nost谩lgico del amante sublimado en toda su pureza.
El amor, un sentimiento
Aunque todos hemos sentido diferentes expresiones del amor por haberlas vivido en muchas de sus manifestaciones, tenemos dificultad para definirlas categ贸ricamente. Estas limitaciones no son exclusivas del hombre com煤n, son compartidas por los m谩s conspicuos estudiosos de los estados sentimentales.
Alberoni, por ejemplo, apunta a un sentimiento huidizo y enigm谩tico, mientras Marina lo considera un l铆o, porque, seg煤n su parecer, los humanos tienen ideas contradictorias sobre 茅l. Aspecto compartido con Safo cuando lo significa como “bestezuela amarga y dulce” y con Ortega, por considerarlo una imbecilidad transitoria.
Ya sea un sentimiento, un deseo, una emoci贸n, una pasi贸n, un instinto cuya finalidad es la c贸pula sexual, o un arte o conocimiento, en el sentido de Fromm, muchos entienden que los conceptos claves del amor son la entrega, la fusi贸n, el deseo sexual, la identificaci贸n, la inclinaci贸n afectiva, “el dominio”, el lance hacia un nuevo proyecto de vida, la atracci贸n, el respecto, la responsabilidad y hasta la idealizaci贸n del objeto amado.
Aunque estos aspectos son importantes, evitaremos aventurarnos en la espesura de tantas caracterizaciones porque podr铆an llevarnos por mil caminos y a alejarnos del objetivo central de este trabajo.
Estos planteamientos no nos llevan a negar la fascinaci贸n que nos produjo algunas met谩foras surcadoras de luces en terrenos tan opacos. No lo negamos, pero no profundizaremos en ellas.
Como la imagen luminosa que nos recorta Rilke cuando nos dice que el amor no es m谩s que dos soledades compartidas. Tampoco cuando Xirau se aproxima a Eros conjugando bell铆simas ideas para describirlo como la revelaci贸n, por parte del amante, de cualidades s贸lo observables por la mirada del que ama.
Factores indisolubles
El amor y el poder dif铆cilmente pueden concebirse separadamente. En realidad son caras de una misma moneda, pues est谩n estrechamente unidos por tres conceptos b谩sicos: la entrega, la autorrealizaci贸n y el dominio de la voluntad y conciencia de los otros. Nadie puede pensar que estas categor铆as son exclusivas del amor o de la pol铆tica.
As铆 es, pues no puede concebirse el af谩n de poder en un sujeto que no luche por alcanzarlo, que no busque dominar la voluntad de otras personas y que la conquista de estos objetivos no persiga, a su vez, el respecto de los dem谩s y la autorrealizaci贸n. Esto, como se ha visto, puede conseguirse por temor, pero tambi茅n por la seducci贸n y la persuasi贸n amorosa.
Con el poder se busca no s贸lo adquirir dinero, fama e influencia, sino tambi茅n amor en su expresi贸n de afecto, consideraci贸n, preocupaci贸n, atenci贸n y respeto, pues las personas requieren ser amadas, reconocidas, alabadas y respetadas para sentirse realizadas.
Probablemente estas ideas fueron las que impulsaron a Botton a recurrir a Adam Smith para entender el sentido de la avaricia, la ambici贸n y la b煤squeda de dinero y poder por parte del sujeto social. Smith es categ贸rico al analizar estos sentimientos, pues, sin ning煤n pudor, nos habla de las ventajas derivadas de estos afanes. Entre otras, destaca: “ser observado, escuchado o tenido en cuenta con simpat铆a, complacencia y aprobaci贸n”.
Punto de vista compartido por William James, quien en Principios de psicolog铆a se lanza tras la captura de los sentimientos que embargan a las personas sin valor social para determinadas colectividades. Asegura el psic贸logo norteamericano: “Si fuera posible f铆sicamente, no se podr铆a concebir castigo m谩s diab贸lico que soltar a alguien en la sociedad y que pasara absolutamente desapercibido entre todos sus miembros”.
El enamoramiento y la pol铆tica
Lo m谩s impactante de esta relaci贸n es la coincidencia entre S谩nchez-Parga y Alberoni en cuanto a los fines de la pol铆tica y del enamoramiento. El primero nos revela que el pensamiento pol铆tico no hace m谩s que reproducir el ejercicio esencial del poder: “unir lo separado y separar lo unido”. Ejercicio que de ninguna manera lo desvincula del empleo del miedo en los procesos pol铆ticos. El segundo, Alberoni, sostiene que el enamoramiento consiste en “separar lo que estaba unido y unir lo que estaba dividido”. Estos planteamientos, son sorprendentes, porque la pol铆tica, tal como la concibe S谩nchez-Parga, no es visualizada a luz de las ideas del bien com煤n y la justicia expuestas por Plat贸n en La Rep煤blica, sino del pragmatismo maquiav茅lico. Y son sorprendentes estos planteamientos, adem谩s, porque el amor siempre se ha concebido como la ant铆poda de esta concepci贸n pol铆tica.
Alberoni se encarga de ilustrar su enfoque del enamoramiento a tal punto – une lo que estaba dividido y separa lo que estaba unido– que nadie que haya vivido esta experiencia es capaz de refutarlo seriamente. Afirma que todo enamoramiento es una trasgresi贸n de un orden, de una norma o costumbre. En fin, lo conceptualiza como un acto desafiante y hasta revolucionario.
Aunque lo cita, no toma como ejemplo paradigm谩tico la forma m谩s extrema de uni贸n y separaci贸n de una pareja como es el adulterio. Para 茅l, la infidelidad s贸lo constituye un caso particular. Le basta un ejemplo sencillo para esclarecer esta nueva uni贸n y separaci贸n del colectivo de dos en su nacimiento. Se refiere a la adolescencia como forma de ruptura con la familia de la infancia. Pero tambi茅n pudo habernos hablado de las reagrupaciones, fusiones y rompimientos que se dan entre los amantes con sus familiares, con sus ideas y los amigos de toda una vida.
La fusi贸n de los amantes desconstruye y construye nuevos intereses, visiones del mundo, realidades y emociones. En este periodo de pasi贸n amorosa, semejante a la locura, seg煤n Plat贸n, los enamorados, al reconstruir su mundo bajo el “nuevo colectivo” hacen “conciencia” de que muchos amigos entra帽ables no eran tan amigos como lo hab铆an pensado, de que familiares queridos no eran las gentes altruistas y cari帽osas que hab铆an cre铆do y que muchas ideas, preciados por tanto tiempo como valiosas, carec铆an de sentido, o s贸lo eran fantas铆as inviables bajo el marco de este nuevo enfoque de la afectividad humana.
Estos comportamientos y sentimientos tan ambiguos entre individuos que comparten una convivencia 铆ntima, los analiza Freud en Psicolog铆a de las Masas. Para tal fin, recurre, primeramente, a la par谩bola de los puercoespines de Schopenhauer, cuya moraleja no es otra de que las personas no soportan una aproximaci贸n demasiada 铆ntima con los dem谩s. Luego los tamiza con la fina criba del psicoan谩lisis para asegurarnos que las relaciones 铆ntimas de alguna duraci贸n, dejan un sedimento de hostilidad que requieren de la represi贸n para hacerlo desaparecer. Finalmente, nos arrastra al campo de la naturaleza humana, con la finalidad de hacer compresivos aquellos espacios donde el foco conceptual del psicoan谩lisis no alumbraba con su acostumbrado fulgor.
Seg煤n Freud, tendemos a utilizar un modelo extremadamente racionalista cuando la hostilidad se manifiesta contra la persona amada. Y esta hostilidad la concibe como una forma de ambivalencia afectiva producto de los conflictos cotidianos que se dan en estas relaciones. Pero cuando la repulsi贸n se manifiesta contra personas extra帽as, entonces, la entiende como una expresi贸n narcisista que ve en cualquier diferencia con los extra帽os, una especie de cr铆tica. Por 煤ltimo, nos habla de la repulsi贸n a la diferenciaci贸n como “una disposici贸n al odio y agresividad (de la condici贸n humana), a las cuales podemos atribuir un car谩cter elemental”. Aspecto relativamente coincidente con la visi贸n maquiavelista sobre la tendencia del hombre a ser m谩s inclinado al mal que al bien. Este desprecio a la diferenciaci贸n est谩 estrechamente emparentado con el recelo o el odio del poderoso hacia las personas que se destacan en la organizaci贸n por considerarlas competidoras desleales o malagradecidas.
Pol铆tica y poder frente al amor
Sucede lo mismo con la expresi贸n cotidiana de la pol铆tica real, pero fundamentalmente con la que se origina en los momentos de grandes transformaciones sociales. Desde luego que en los procesos de poder, donde se une lo que estaba dividido y se separa lo que estaba unido, intervienen numerosos factores emocionales y desiderativos como el odio, la ambici贸n, la codicia, la envidia, el resentimiento, el rencor, la venganza, el deber, los celos y el ego铆smo. Inciden, igualmente, el enamoramiento, la entrega pasional al l铆der y algunos factores de orden racional como el c谩lculo de los medios para alcanzar ciertos objetivos.
La historia constituye una colecci贸n de ejemplos pol铆ticos de separaci贸n de lo que estaba unido y unificaci贸n de lo que estaba separado. Las guerras civiles que dividen a los nacionales y une a los contrincantes con grupos y potencias extranjeras enemigas, ilustran la pol铆tica en su funci贸n de unificaci贸n y separaci贸n. Lo m谩s dram谩tico de todo esto lo encontramos cuando los miembros de un partido o familiares se separan unos de otros con odio y resentimiento y se al铆an con sus enemigos por conveniencia y ambiciones pol铆ticas o personales. En muchos de estos casos se llega a la delaci贸n, a la intriga, a la infidelidad conyugal, al comercio sexual, al transformismo, al oportunismo, al crimen y a cualquier forma de agresi贸n que pudiera sacar del juego del poder a personas ligadas por lazos sangu铆neos, amistosos, religiosos e ideol贸gicos.





No hay comentarios:
Publicar un comentario