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domingo, 29 de julio de 2018

Proyecto Agroforestal Beato, patrimonio ambiental de Tenares y el país

TENARES. Al Proyecto Agroforestal Beato, nominado por segunda ocasión al Premio Ecológico a la Siembra de Agua de la fundación Sur Futuro y que este año celebrará su quinta edición, se le vio como una quimera cuando se inició, a mediados del año 1997, cuenta su paladín, Ruddy Beato Infante.

Hoy conforma el patrimonio ambiental de la provincia Hermanas Mirabal y contribuye a la protección de las cuencas y la producción de agua en los ríos Venu y Blanco, así como en los arroyos Caño Frío, El Arroyaso y Quiebra Palma, y en otros 20 afluentes sin nombres que irrigan más de 30,000 tareas de arroz en Nagua.
En la propiedad está la toma de agua del acueducto que abastece a las comunidades Buena Vista, Venu y La Peñita, del que se benefician alrededor de 800 familias.

Lo componen especies de alto crecimiento y nativas de la isla, entre las que se destacan Eucaliptus, Amapola, Palma Real, Cigua, Gina, Gri Gri, Bambú, Sablito, Yagrumo, Algarrobo, Palma Real, Balatá y Almendro. También especies agroforestales como el Cacao y otros frutales (naranja, guanábana, limón y mango).

“A mi padre le decían loco, me cuentan mis tíos. Le decían: usa esas tierras para sembrar ajíes, siembra plátanos, pero nunca desistió y éste es el resultado”, narra Ruddy Beato, que junto a sus hermanos, los gemelos Rubén Darío y Kiara Mercedes (24 años), asumió la dirección del proyecto tras el inesperado deceso de su progenitor, Rubén Beato.
“Desde pequeño me involucré en esto, veía los movimientos recorriendo la zona con mi padre, como niño al fin. Él nos decía que eso de la madera sería nuestra herencia, pero yo no lo entendí hasta que crecí”, continuó.
Cuenta Ruddy que la idea de regenerar el terreno del dominio, que anteriormente se utilizó para la ganadería bovina, fue una propuesta del exvicepresidente de la República, Jaime David Fernández Mirabal, a quien se refirió como un viejo amigo de su padre.
“Papi nos contó que Jaime le pidió que se sumara a uno de los programas del Plan Nacional Quisqueya Verde, y fue así como él cedió, en una primera etapa, 1,500 tareas para la protección y conservación del agua en esta zona. Hoy tenemos más de 7,500”, señaló.
Inmediatamente después, con la asesoría de la entonces Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales, se incorporaron los cultivos agroforestales, un aserradero y un plan de manejo integral alineado a los propósitos del PNQV.
Pasaron cerca de 15 años para que los Beato palparan los frutos de la visión de su padre.
“Esto es lo más parecido a ver crecer a un hijo, así lo veía mi padre. La contribución al medio ambiente de este proyecto el dinero no la compra. Con dinero se puede comprar un botellón de agua, pero no se puede comprar un arroyo, ni hacer que de él brote agua cuando se seca”, manifiesta Ruddy.
El joven de 27 años reconoce que no fue fácil asumir los destinos de aquello que alguna vez fue una quimera, pero está consciente del compromiso social que, quizás sin imaginarlo así, dice, asumió su padre hace ya 21 años con la comunidad, la provincia y el país por la protección del agua y la conservación de las especies del área.

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