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54Grado.com : Hoy es Domingo 10 de mayo del 2026 . Faltan 235 días para el año 2027. temperatura: la máxima estará entre 31 °C y 33 °C y la mínima entre 22 °C y 24 °C :.... Efemérides Nacionales: 1508 en Roma, Miguel Ángel inicia la pintura de los frescos de la Capilla Sixtina. 1534 el explorador Jacques Cartier llega a la isla de Terranova. 1713 en España se promulga la Ley Sálica que prohíbe el acceso de las mujeres al trono. 1720 en Salamanca (España) se inicia la construcción de la Plaza Mayor. 1774 en Francia sube al trono Luis XVI. 1789 en Brasil es detenido el patriota Tiradentes (José da Silva Xavier). 1796 en Francia sucede la Conspiración de los Iguales. 1807 en Montevideo (Uruguay), el general inglés John Whitelocke llega a este puerto con el propósito de atacar Buenos Aires (Invasiones inglesas). 1808 en Bayona, Fernando VII de España renuncia a sus derechos a la corona española. 1832 Tomás Escalante deja el cargo como Gobernador de Sonora. 1837 en Nueva York se produce un crash bancario. 1840 en España se funda la Sociedad de Tejedores, primer sindicato español. 1841 las Cortes nombran al general Espartero regente de España. 1847 R. W. Thonson patenta los neumáticos de goma. 1857 en Mirut (India) se rebelan los cipayos (soldados indios al mando de oficiales británicos). El levantamiento se tradujo en la proclamación de la India como virreinato de la corona británica. 1869 en Estados Unidos se termina la construcción de la primera línea férrea que cruza de costa a costa. 1871 entre Francia y Alemania se firma el Tratado de Fráncfort. 1873 el padre Damián viaja hacia la isla de Molokai, donde estaban confinados todos los enfermos de lepra. 1877 Rumania se independiza de Turquía (la cual la reconoce el 26 de marzo de 1881). 1886 en España se abren las primeras Cortes de la Regencia de María Cristina, viuda de Alfonso XII de España. 1891 en España se estrena el primer número de la revista ilustrada Blanco y Negro, fundada por Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio. 1900 en Buenos Aires se estrena Atahualpa, ópera en cuatro actos de Cattelani. 1906 en San Petersburgo el zar ruso abre las sesiones de la Duma. 1907 en París se estrena la ópera Ariane y Barba Azul (de Paul Dukas). 1911 el proyecto de ley para dividir el archipiélago canario en dos provincias es aplaudido en Las Palmas y rechazado en Tenerife. 1911 en el marco de la Revolución mexicana, las tropas maderistas toman Ciudad Juárez. 1914 un temblor de tierra causa 60 muertos en Sicilia. 1915 en El Salvador se funda el periódico La Prensa Gráfica. 1915 Londres recibe el primer ataque con zepelines. 1920 en Irlanda, 180 detenidos inician una huelga de hambre de 18 días. 1920 en Madrid se inaugura una exposición de abanicos antiguos. 1921 Dinamarca declara a Groenlandia territorio de su soberanía. 1924 Alfonso XIII inaugura la exposición oficial del automóvil. 1924 en EE. UU., J. Edgar Hoover es designado director del FBI. 1928 la aeronave Jesús del Gran Poder parte con dirección a Oriente con el objetivo de batir el récord mundial de distancia en línea recta. 1929 Alberto Moravia publica Los indiferentes. 1932 Albert Lebrun es elegido presidente de la República Francesa. 1933 en Berlín, el régimen nazi quema 20.000 libros de autores que figuraban en su lista negra. 1933 Paraguay declara la guerra a Bolivia. 1934 Famous funnies se convierte en el primer libro de cómics publicado en los Estados Unidos que se pone a la venta en los kioscos.

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sábado, 4 de junio de 2022

A guardias les espera pulseo con peligrosos delincuentes

Guillermo Pérez
Santo Domingo, RD

Sobrecogido por un repunte de crímenes y diver­sas tipologías de­lictivas que han tomado rumbo sin freno por todo el país, el presi­dente Luis Abinader ha res­pondido con contundencia a este siniestro problema, poniendo de pie y en lla­mado de acción a la fuerza militar para encarar con re­solución este peligroso de­safío a su gobierno y al país.

Más que su presencia el pasado jueves, junto a al­tos rangos de policía y mi­litares, los gestos y el tono de firmeza usado para ad­vertir a los delincuentes de entregarse o serán captura­dos, dejó clara su determi­nación de parar este abo­rrecible mal que agobia a los ciudadanos y ensom­brece la paz social.

Hasta hace poco más de dos meses, el país se había desahogado un poco de su pesadumbre cotidiana, an­te una leve caída de la cri­minalidad y el delito, pero la irrupción de un vendaval de sucesos violentos, justa­mente desde los cuarteles policiales, se extendió rápi­do hacia otros ámbitos del territorio.

Con este problema enci­ma, el Gobierno del presi­dente Luis Abinader ha te­nido que encarar, durante sus primeros 20 meses, tres adversidades muy dañinas que, de alguna manera, le han sustraído simpatías po­pulares que podrían arras­trar costos políticos futuros.

Abinader asumió el des­tino del país bajo la plaga pandémica del coronavi­rus, poco después creció el enojo de la población por la espiral alcista de los precios de la comida y de los com­bustibles, depreciando así el valor de su poder adquisiti­vo, y ahora le cae como un martillazo este degradante mal delictivo.

Para combatir esta últi­ma desgracia, el mandata­rio, invocando una medi­da de efectos pasajeros bien demostrado en la práctica, anunció el despliegue de las fuerzas militares a las calles, junto a la Policía Nacional.

Previo a esto, su primera nota de agrado la marcó su sinceridad cuando reconoció que el problema de la delin­cuencia es real y que, duran­te las últimas tres semanas, esta ha experimentado “un aumento significativo”.

En consecuencia, de nue­vo, guardias y policías han vuelto a las calles para en­frentar la delincuencia, y es­ta vez tendrán de aliados un paquete de recursos tecno­lógicos y de inteligencia hu­mana.

Los guardias llegan a tiempo a la caza de los delin­cuentes porque la Policía no está preparada, ni en núme­ro, ni en equipos, ni confian­za en un pueblo que aún la sigue mirando con sospecha.

Abinader manejó cuida­dosamente su mensaje de estímulo a los militares y a la Policía, interfoliando “respe­to a los derechos humanos” y “firmeza en estas circuns­tancias”.

Quiero decirles, dijo el je­fe de Estado, “que confío ple­namente en las actuaciones de la Policía Nacional y sé que va a actuar en respeto a los derechos humanos, pero con la firmeza que se necesi­ta en estas circunstancias”.

Con los delincuentes, Abi­nader manejó con cuidado el mensaje disuasivo, al re­ferirse al deseo de las auto­ridades de prevenir una me­dida no deseada, pero marcó línea roja ante criminales y bandoleros al advertir de la indudable decisión de usar el poder de la fuerza pública para castigar con determina­ción sus acciones ilícitas.

No tuvo el presidente que usar códigos secretos para demandar resultados inme­diatos, pero el mando de la Policía y sus oficiales subal­ternos conocen “al dedillo” lo que hay que hacer para ac­tuar “con la firmeza que se necesita en estas circunstan­cias”

“Les pido a aquellos que están actuando en nuestros barrios y en nuestros secto­res, llevando intranquilidad, que se entreguen de una ma­nera pacífica, porque si no se les va a buscar donde estén”, sentenció el mandatario.

Otra prueba para militares
De todo esto, el movimiento del mandatario deja un poco de incertidumbre respecto a que la presencia militar po­dría durar poco, y luego de retirados de las calles, como ha ocurrido siempre, las hor­das delictivas vuelvan a sus andares.

Siempre ha sido así. Un odioso circulo vicioso que se muda de un extremo a su punto de partida, y to­do sigue igual. Esta fue otra medida gubernamental de carácter reactivo ante el des­borde de una delincuencia que parecía estar hibernan­do. Solo será posible conte­ner, y muy improbable eli­minar, una envalentonada delincuencia que no teme a una policía vulnerable, en la que parte de su personal ha comulgado siempre con el delito y demuestra resisten­cia a un cambio.

También, mientras nues­tros militares y policías estén en las calles, alertas y previ­sores, todo estará bien, pe­ro llegado el momento en que las “circunstancias” cau­sen la baja de algún delin­cuente que haya asaltado, robado o asesinado a algún ciudadano, las notas de con­dena estarán en línea, todo a nombre de unos derechos humanos de los que parece no tenían derecho las vícti­mas.

Esto es lo que registra la historia y los hechos están ahí. Ante esto, las autorida­des tienen que definir con claridad si lo del despliegue militar será un bálsamo pa­ra aplacar la ansiedad de los ciudadanos por este rebrote de delincuencia o si se trata de una campaña sostenida hasta acabar con este infor­tunio. El presidente Abina­der tiene que quitarse de encima, aunque tenga que imponerse a cualquier fuer­za de gravedad, este proble­ma de la delincuencia.

Está hoy a 73 días de cumplir sus primeros dos años al frente del Gobier­no, encarando y sorteando serias contrariedades natu­rales, sociales, económicas y políticas que le han roba­do parte del carisma que lo elevó al pináculo desde que tomó asiento en la Casa de la Delgado.

Luis Abinader es un hom­bre joven. Este 12 de julio ve­nidero cumple 55 años. Tie­ne intenciones muy nobles de hacer un buen gobierno. Esos son sus deseos, pero tie­ne que estar alerta para gol­pear a tiempo los obstáculos, sin ceder ni temer a presio­nes, sea dentro o fuera de su propio partido. O desde el exterior.

Su mejor ejemplo es El Salvador, donde su joven presidente, el extrovertido Nayib Armando Bukele, que, como coincidencia, este 24 de julio estará cumpliendo 41 años, se ha enfrentado a todo el mundo defendiendo sus convicciones y sus polí­ticas de Gobierno, la paz de su gente, específicamente aquella contra las más peli­grosas del mundo, y está ga­nando la batalla.

Lo han acusado de dic­tador, violador de derechos humanos; lo han amenaza­do de muerte, de bloqueos, y lo denuncian en organis­mos internacionales. Y aun así, no cede. Su popularidad es una de las más altas en el continente. Bukele vive una gran paradoja: un apoyo alto en su país y críticas a escala in­ternacional.

Su prestigio se disparó es­tos últimos días cuando, des­pués de haber anunciado el encarcelamiento de miles de pandilleros, emitió un de­creto que le dio poderes es­peciales para combatirlos y amplió el poder de acción de los militares.

“Todas las celdas cerradas 24/7, nadie sale ni al patio. Mensaje para las pandillas: por sus acciones, ahora sus ‘homeboys’ no podrán ver ni un rayo de sol”, ordenó el mandatario, listo a castigar­los hasta donde más les due­le. Y esto no quedó ahí, por­que Bukele acompañó sus órdenes con una tanda de mensajes a jueces y fiscales, advirtiéndoles de la nueva si­tuación que reina en el país ante la tentación de atender posibles violaciones a los de­rechos humanos.

“Estaremos pendientes de los jueces que favorez­can delincuentes”, escribió en Twitter. Un día después, hubo decenas de detenidos. La lucha contra la delincuen­cia en El Salvador de Bukele no sigue allí una ruta de im­provisación. Su decisión de mandar más militares y po­licías a las calles le ha dado resultados tangibles, y aho­ra está cantando victoria allí.

Tanto éxito en El Salvador, un país con 7 millones de ha­bitantes, donde hay alrede­dor de 70.000 pandilleros. Mientras, aquí no hay siquie­ra una idea de cuántos delin­cuentes sigue fastidiándole la vida a casi 11 millones de ciudadanos.

Si los militares fueran a un patrullaje prolongado, bien pertrechados, y se les deja­ra acordonar áreas duran­te buen tiempo, no habría que extender el sufrimien­to de tanta gente buena por­que los guardias saben cómo hacer su trabajo. Y lo hacen bien, y rápido, sin mucho ruido, a más de ser poco pro­bable que estos afinen amis­tad, conexiones y alianzas con los bandidos.

 

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